A propósito de haberse celebrado el pasado 14 de noviembre el Día Internacional de la Diabetes mellitus le presentamos este trabajo.
La incidencia de la diabetes en Cuba es similar a la de países desarrollados, en los que influye el aumento del sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo y el estrés. Viven aquí unas 200 mil personas con esta afección, lo que significa alrededor de 25,3 diabéticos por cada mil habitantes.
Aunque la diabetes ha tenido un alarmante aumento entre los niños y los adolescentes a escala internacional, es una enfermedad común, que si se controla, permite al paciente llevar una vida útil, no diferente a la de los demás, así como alcanzar tantas metas o aspiraciones como se proponga. Familia y amistades, junto al enfermo, han de colaborar para que los riesgos disminuyan y alcanzar una buena calidad de vida.
Breve historia de la enfermedad
Conocida desde épocas remotas, se describió en Egipto desde hace más de 3 mil años. En la India, 400 años antes de nuestra era, ya se había notado la relación que existe entre la obesidad y la diabetes, así como su tendencia de pasar de una generación a otra.
Desde ese mismo período se reconocían dos formas de la enfermedad:
Una asociada con adelgazamiento, decaimiento y frecuente pérdida de grandes cantidades de líquidos por la orina. Es la conocida por diabetes tipo I o juvenil, llamada así por afectar más frecuentemente a personas menores de 30 años de edad.
La otra forma, caracterizada por la corpulencia, obesidad, apetito desmedido y somnolencia, la denominan diabetes tipo 2 o del adulto, por diagnosticarse con mayor asiduidad entre mayores de 30 años.
Ambos tipos se caracterizan fundamentalmente por la presencia en la sangre de un exceso de glucosa, es decir el azúcar por encima del nivel normal.
Tal situación, sin el adecuado control genera daño a muchos órganos del cuerpo, en particular a los vasos sanguíneos de los ojos y los riñones, además de los nervios periféricos.
Fue en 1889, cuando dos científicos alemanes probaron que la diabetes era debida a una deficiencia del páncreas. A partir de esa fecha se realizaron múltiples investigaciones para obtener la sustancia que prevenía el rápido incremento del azúcar en la sangre, seguida de su pérdida por la orina.
Los enfermos fueron tratados con dietas muy rigurosas, con las que los adultos mayores que tenían sobrepeso mejoraban. En cambio, los niños y adultos jóvenes raramente sobrevivían.
Fue en Canadá, en 1921, que dos investigadores, Banting y Best, descubrieron un extracto (insulina) que disminuía los niveles de azúcar en la sangre. Este hallazgo revolucionó el tratamiento de la diabetes, especialmente la de tipo 1, que se transformó de una enfermedad fatal a una afección tratable y controlable.
En los diabéticos, el páncreas produce muy poca o ninguna insulina y como resultado la glucosa que se obtiene de los alimentos queda circulando en la sangre sin poder penetrar en las células para su uso o almacenamiento.
Las personas afectadas comienzan a percibir manifestaciones como sed, hambre al poco tiempo de haber ingerido alimentos, deseos de orinar más cantidad de lo normal y más veces en el día, pérdida de peso sin causa aparente, y debilidad. También tienen infecciones frecuentes en la piel, sufren heridas que tardan en sanar, notan hormigueos y entumecimientos en las manos y los pies.
Ante estas señales lo fundamental es acudir al médico para confirmar el diagnóstico y poner control de inmediato.
La diabetes es una enfermedad que no es curable, pero si se trata adecuadamente se logra mantener los niveles normales de glucosa en la sangre.
Así, una vez diagnosticada, lo más importante es trazar un plan. Es aconsejable una alimentación sana y balanceada que incluya cereales, frutas, lácteos y proteínas, y a su vez tenga bajo contenido en grasas y sal; y realizar ejercicio físico al menos tres veces a la semana, bajo control médico.
En algunas personas, estas medidas son suficientes; en otras, la enfermedad no se logra controlar y se hace necesario utilizar medicamentos.
El control correcto y mantenido de la enfermedad reduce el riesgo de afecciones que dañan la vista, los riñones y el corazón; disminuye también la posibilidad de padecer enfermedades cerebrovasculares, lesiones de los nervios y aterosclerosis acelerada.
Cumpliendo al pie de la letra el tratamiento se reduce el riesgo de sufrir hipoglicemia, término por el que se conoce la disminución de la cantidad de azúcar en sangre por debajo de los niveles normales. Sus causas más frecuentes son omitir o no concluir la alimentación, realizar una actividad física mayor de lo usual o la aplicación de una dosis mayor del medicamento que la necesaria para el control de la enfermedad.
La solución es sencilla: se trata de tomar alguna bebida dulce, chupar caramelos para que la glucosa llegue rápidamente a niveles aceptables y usted sienta mejoría. Si persiste la molestia es necesario buscar ayuda facultativa.
Hay muchas cosas que una persona diabética puede hacer para prevenir y controlar el progreso de la enfermedad.
* La diabetes se puede controlar. Ante los primeros síntomas, acuda al médico.
* Su médico es la mejor fuente de información, converse con él sobre cualquier duda que tenga en relación con su enfermedad, alimentación, actividad física y tratamiento.
* Puede ser que por las características de su diabetes deba emplear medicamentos. Tenga presente utilizarlos tal como se lo indicaron.
* En el cuidado general de su cuerpo no debe olvidar los pies. Manténgalos limpios y secos. Evite el calzado apretado o demasiado holgado, y no camine descalzo. Cualquier cambio de color, una lesión o llaga, por pequeña que sea, puede dar lugar a trastornos graves. Revíselos periódicamente y los mantendrá sanos.
* Vigile su peso, la actividad física deberá estar adecuada a sus necesidades y tipo de tratamiento, y le ayudará a controlar los niveles de azúcar en la sangre. Tenga en cuenta el horario de descanso.
* Evite pasar largos períodos sin ingerir alimentos. Balancee su alimentación y repártala a lo largo del día.
* Asista periódicamente al estomatólogo y revise su visión, ello puede corregir lesiones tempranamente.
* Evite las situaciones potencialmente riesgosas donde pueda recibir golpes o heridas, así como el alcohol y el cigarro, que dañan especialmente su salud.
* Y por último, no olvide que los exámenes de orina y sangre le darán prueba de cuan bien está controlando su enfermedad, tenga presente realizarlos con frecuencia.