Los niños y el sida

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La implacable propagación del VIH/SIDA deja huellas en la vida de los niños y amenaza la estabilidad y la prosperidad futuras de las naciones. Millones de niños se han quedado sin padres a causa del SIDA y muchos luchan por sobrevivir. Un gran número de niños nace con el virus y sufre en el curso de su breve vida, mientras que otros millones de niños combaten para crecer en un mundo sobre el que gravita permanentemente la amenaza de la infección por el VIH.

A la par que los índices de infección por el VIH se estabilizan, las muertes provocadas por el SIDA seguirán aumentando. En algunos países, puede que el número de huérfanos no alcance su nivel máximo hasta después de 2020.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) ayuda a garantizar la seguridad y el bienestar de los huérfanos y otros niños vulnerables. El apoyo nutricional que se le presta a los niños y sus padres infunde esperanzas en personas cuya vida se ha vuelto incierta a causa de la enfermedad. Estos alimentos nutritivos contribuyen a prolongar en la medida de lo posible la vida de los padres seropositivos, que disponen de más tiempo para estar con sus hijos.

Además, la asistencia alimentaria selectiva permite que los niños vulnerables reciban educación y adquieran conocimientos prácticos para el porvenir.

La mejor manera de llegar a las personas que necesitan asistencia alimentaria es  asociarse con las organizaciones que atienden a las personas que viven con el VIH/SIDA.

 “Las terapias existentes exigen una nutrición correcta. Una alimentación adecuada es indispensable para prolongar la vida de los progenitores y permitirles contar con algunas preciosas semanas, meses o incluso años adicionales para trabajar y dedicar tiempo a su familia. Tal vez nosotros no podamos infundirles esperanza de cura, pero podemos
darles tiempo.”

Mejorando la salud de los padres infectados por el VIH durante el mayor tiempo posible se ofrece a los hijos una oportunidad de encarar el porvenir.

La muerte del padre o la madre, o de ambos, tiene efectos devastadores en los hijos. Además de sumirlos en una aflicción extrema, en depresiones y en un sentimiento de abandono, con frecuencia se ven obligados a asumir la inmensa responsabilidad de sostener a la familia.

Los huérfanos y los niños vulnerables cuentan con más posibilidades de padecer malnutrición o enfermedades. Como consecuencia de la pobreza y el abandono, a menudo se ven forzados a vivir en hogares de guarda hostiles o en la calle. Sin la protección de sus padres, afrontan toda clase de maltratos y riesgos.

En estas condiciones desesperadas, los huérfanos y los niños vulnerables son los primeros en abandonar la escuela. Sin educación y sin el amor, los cuidados y la orientación dispensados por los padres o tutores, el futuro de los huérfanos y otros niños vulnerables es sombrío. Cuanto más tiempo vivan los padres, más prometedor se les presentará el futuro a sus hijos.


 

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