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Enviado por Lena Campos el Lun, 2009-08-10 17:31.
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Parte de la salud de los ojos es asegurada por las lágrimas que bañan permanentemente la córnea y la conjuntiva, formando una barrera entre el medio exterior y el ojo, y cumplen muchas funciones importantes para la salud. Entre las funciones que ejercen las lágrimas se encuentran: nutritiva, limpiadora, antimicrobiana, lubricante, fotoabsorbente, cicatrizante, etc. Y una función óptica pues ellas forman una película lisa que evitar que las imágenes se vean desenfocadas y borrosas.

El líquido lagrimal contiene enzimas con cierto efecto contra bacterias e inmunoglobulinas que, con el auxilio de células defensoras, son capaces de proteger eficazmente las estructuras oculares. La composición química de las lágrimas es muy similar a la del plasma sanguíneo, aunque se encuentra diluida (98,2 por ciento de agua), con una concentración considerablemente menor de proteínas.

El ojo se lubrica por dos tipos de lágrimas. Las lágrimas constantes que son las encargadas de humedecer permanentemente al ojo y son producidas por pequeñas glándulas localizadas en los párpados; y la lágrima refleja (proveniente de la glándula lagrimal lateral al ojo), que se activa cuando existe lesión, irritación o emoción.

La producción excesiva secreción de lágrimas puede deberse a enfermedades congénitas o ser secundarias a inflamaciones, tumores, medicación, estímulo psíquico y obstrucción en las vías de drenaje. La deficiencia o hiposecreción conduce al ojo seco.

El ojo seco se manifiesta por el déficit cuantitativo y cualitativo de secreción de lágrimas. Históricamente se ha aplicado este término a un síntoma (sensación subjetiva de falta de lágrimas), a un signo (manifestación objetiva de falta de lágrimas), a una enfermedad, que se conoce con el nombre de Xeroftalmos.

La enfermedad se sospecha por la presencia de enrojecimiento, sequedad ocular, sensación arenosa o áspera, picazón, ardor, sensación de cuerpo extraño, sensibilidad a la luz, infección crónica del ojo o párpado o fluctuación de la agudeza visual, malestar con los lentes de contacto, congestión nasal, tos crónica, boca seca y artritis, entre otros.

Las causas que la producen son numerosas, entre ellas los defectos congénitos de la glándula lagrimal, la destrucción glandular por traumas o inflamaciones, inflamación de los párpados (blefaritis), trastornos autoinmunes, el déficit nutricional por falta de vitaminas A y B, la exposición ambiental por contaminación, humedad relativa menor de 30 por ciento, altas temperaturas, humo de tabaco. También por involución senil y por el uso de fármacos como el diazepam, clortalidona, furosemida, imipramina, y otros.

El ojo seco suele aparecer en cualquier edad de la vida, aunque aumenta en la tercera edad. Su frecuencia es alta y su incidencia es mayor en los países con clima seco, en los que actualmente se considera la enfermedad más frecuente de la oftalmología. Afecta a ambos sexos, aunque tiene preferencia por el femenino.
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