Alcoholismo, ¿Cómo enfrentar su tratamiento?

La mayoría de los pacientes solicitan el tratamiento contra el alcoholismo después de varios años de padecer la enfermedad.

Aunque lo fundamental de esta adicción es la prevención, existen también muchos recursos para lograr la rehabilitación y hacer que el paciente no tome bebidas alcohólicas nunca más, porque cada vez que se ponga de nuevo en contacto con el alcohol, recaerá en su enfermedad y se reiniciará el ciclo de sufrimiento para él y para su familia.

Los expertos, que han dedicado su vida al tratamiento de los alcohólicos, han dicho que una vez alcohólico, siempre se es alcohólico.... si se repite el consumo.

La mayoría de los pacientes se enfrentan al tratamiento con la meta inalcanzable de aprender a beber. Desgraciadamente esto debió hacerlo antes... de enfermar, pues una vez convertido en alcohólico cada nuevo contacto con el medicamento hace más peligroso el efecto.

El principio fundamental del tratamiento es, por tanto, lograr la abstinencia total del alcohol y esta meta se relaciona con la frecuente pregunta: ¿es el alcoholismo enfermedad o sinvergüencería?, que traducida al lenguaje en que nos gusta comunicarnos con los pacientes, significa aproximadamente ¿es el alcohólico responsable de su conducta o no lo es? O también : ¿puede él ejercer su fuerza de voluntad para dejar la bebida? La respuesta, es sí y no.

El alcohólico establece diferentes niveles de dependencia. Un primer nivel es la dependencia sociocultural, referida a la influencia negativa de los compañeros alcohólicos; un segundo nivel es la dependencia psicológica, relacionada con el deseo de beber en busca de los efectos inmediatos del tóxico (ya que los tardíos no los desea nadie); y un tercer nivel es la dependencia biológica u orgánica, ya que el alcohol se ha convertido temporalmente en una sustancia apetecida por las células y los tejidos del organismo, y es por tanto, como una atracción fatal.

Debemos aclarar que la responsabilidad de decidir tomar o no, sólo disminuye cuando se ha establecido la dependencia biológica. En ella la fuerza de voluntad (mermada en el alcohólico como producto de la propia enfermedad) muchas veces resulta insuficiente y, por lo general, requiere de la ayuda médica.

Existen, sin embargo, millones de personas en el mundo que se han curado por sus propios medios al enfrentar los malestares que aparecen en esa fase, cuando se suspende la bebida, y que son llamados reacción de abstinencia, que con asistencia médica se pueden resolver con más facilidad. Ahora bien, una vez superada la dependencia biológica (lo que toma unas tres semanas), el sujeto es totalmente responsable de su comportamiento y como tal debe exigirse el control ante la bebida.

Aconsejamos concurrir de inmediato al médico. Este le indicará el tratamiento adecuado, que desde luego será diferente si se trata de un alcohólico determinado por mecanismos socioculturales (costumbre de beber con frecuencia) o de un alcohólico de tipo evasivo (trata equivocadamente de buscar alivio en el alcohol). En el primer caso, el tratamiento es más sencillo y estará orientado a eliminar el mal hábito establecido; en el segundo, será necesario resolver la situación determinante del sufrimiento que intenta aliviarse, ya sea un complejo, el mal manejo de un fracaso en la vida o alguna enfermedad de tipo psiquiátrico o corporal.

(Fuente: González Menéndez R. Cómo enfrentar el peligro de las drogas. Editorial Oriente; 2000)

 

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