El misterio del talento

Unos lo tienen, otros lo desean, todos creen saber lo que es y pocos son capaces de definirlo, aunque parece evidente que sepan reconocerlo, los científicos intentan descubrir dónde reside el talento, eso que causa el reconocimiento o el asombro popular.

Psicólogos y neurocientíficos investigan para saber si se trata de una propiedad congénita o más bien se adquiere a través de la educación y el estudio, y se formulan las interrogantes siguientes: ¿es el talento algo absoluto o circunstancial?; ¿momentáneo o permanente?; ¿se puede desarrollar y ejercitar?; ¿es lo mismo que aptitud?

Es más -continúa el cuestionamiento- se puede detectar el talento o simplemente se le reconoce cuando se encuentra. Al interrogarse sobre el origen del talento, los psicólogos indican que la mente creativa se manifiesta cuando se deja de un lado el camino trillado.
 
A esto, los especialistas lo llaman pensamiento divergente: el que transita por vías que discurren en diferentes direcciones. Una persona creativa conserva su curiosidad infantil durante toda su vida.

La rutina y la forma habitual de pensar son los mayores enemigos del talento, advierten esos expertos y subrayan que responder a la pregunta de ¿qué es el talento?, es esquivo. Quizás un destello inefable de inteligencia, genialidad o intuición para una actividad concreta y determinada.

Existen psicólogos que afirman que querer deducir el talento de una persona por la arquitectura del cerebro es demasiado simple. ¿No influye nada el ambiente? ¿Es necesaria una genética especial? No se ponen de acuerdo en si el genio es innato o adquirido.

Se señala que para el inventor Thomas Alba Edison (lámpara de incandescencia, el fonógrafo, acumulador y otros), el genio es un 1% de inspiración y un 99% de transpiración. La inspiración debe llegar mientras estás trabajando.
En apoyo a lo afirmado por el inventor, un prestigioso psicólogo añade: "Denme 10 años de práctica deliberada y cualquiera será capaz de adquirir un nivel de desarrollo de prodigio".

Sin embargo, tales argumentos encuentran objeción en otros científicos: Nadie se puede convertir en un Wolfgang Amadeus Mozart a fuerza de trabajo duro, afirman con énfasis.

Las extraordinarias habilidades de esas personas, el talento que después se les ha reconocido, se debe a que desarrollaron una memoria poderosa sobre ciertos temas, aquellos en los que fueron talentosos.

La neurociencia reconoce que en el cerebro tenemos dos tipos de memoria: la de corto plazo o de uso cotidiano y la de largo plazo. Según un científico, los genios son capaces de hacer un uso impresionante de sus memorias a corto plazo.
Ellos colocan la información en la memoria a largo plazo de modo que la otra pueda acceder fácilmente a ella. Esta memoria cotidiana a largo plazo es crucial para ser un talento en cualquier campo.

Otros científicos apuestan más por el talento innato. Definido como una eficiencia en el funcionamiento del cerebro por encima de la media, apoyan sus resultados en los trabajos de la herencia de la inteligencia, que parecen apuntar a que sucede entre un 60 y un 80%.

Esa efectividad del funcionamiento cerebral está determinada por dos factores que se encuentran interconectados: el contexto social y la organización cerebral, más en concreto el número de neuronas (células nerviosas). Además la densidad de redes neuronales, que se organizan durante el período prenatal y se activan durante los primeros cuatro años de vida.

Así, para algunos investigadores el contexto social únicamente es importante en las primeras etapas del desarrollo del individuo, cuando se organizan los procesos cognitivos, asociados con el desarrollo neuronal.

Un ambiente rico en variedad, estimulación y actividad, puede ser una ayuda importante a la hora de desarrollar el talento.

Según estiman los científicos también hay un precio que pagar por el talento. Así, hay correlaciones significativas entre talento y miopía, alergias e incluso enfermedades autoinmunes.

Aún más, los agraciados suelen sufrir depresión o episodios depresivos, ser solitarios y tener fuertes cambios de humor, entre otras anomalías, como puede ser consumir alcohol en exceso. A pesar de ello -opinan muchos- vale la pena tener talento.

Fuente: Redacción Central, marzo  21/2007 (PL)





 

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