El beneficio de los hongos

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Catalogados como un grupo de seres vivos de alto valor nutritivo en el mundo por especialistas de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), su incorporación en la alimentación humana se remonta a siglos atrás cuando se convirtió en verdadera fuente nutritiva y medio de tributo a emperadores y latifundistas asiáticos.

Actualmente su producción mundial promedia más de dos millones de toneladas, con China, Filipinas, Taiwán, Tailandia y la India a la cabeza. En Cuba, parte de su producción recae en el Instituto de Investigaciones de los Derivados de la Caña de Azúcar, donde los residuales agrícolas son aprovechados para fomentar su desarrollo.

De reducido costo, producirlos no requiere de grandes insumos, ya que se obtienen utilizando los desechos agrícolas: paja de arroz, bagazo, trigo y hoja de caña o cáscara de café, los que se someten a un proceso de fermentación antes de inocularles el sustrato para desarrollar los hongos al cabo de 21 días.

En la isla, el más cultivado, sobre todo en las provincias de La Habana y Matanzas, es el Champiñón volvariella, debido a su resistencia al clima y a la intensa luz solar.

De exquisito sabor y amplias posibilidades culinarias, varias recetas pueden realizarse con los champiñones, para degustarlos de forma natural con aliño, en cremas, pastas de bocadito, y también como acompañantes del pescado y otros platos demandados por el turismo internacional.

Por sus altos valores alimentarios, los hongos comestibles clasifican después de la carne, la leche, el pescado y la soya, como los más sanos, ya que no requieren productos químicos importados.

Su inclusión en la dieta familiar sería una válida opción de fomentarse esa cultura necesaria acerca de sus propiedades y combinaciones, poco conocidas en la mesa del cubano, donde prevalece la tradicional comida criolla.

INVESTIGACIONES PARA SU DESARROLLO

Además de su importancia en la alimentación humana, sus beneficios son estudiados en el sector agrícola e investigativo para aprovecharlos en función de la salud y el control de enfermedades en las plantas.

Es así como especialistas del Instituto de Investigaciones Fundamentales de la Agricultura Tropical (INIFAT), en Santiago de las Vegas, llevan a cabo desde hace años el aislamiento de hongos fitopatógenos (estudio de enfermedades) en hortalizas, vegetales, cereales y granos, y han logrado la conservación de cultivos puros de este tipo de hongos en plantas de interés económico y para el mejoramiento genético.

Hoy cuentan con casi cinco mil 500 cultivos puros, así como cien cepas de patógenos en plantas cultivadas.

Catalogada como la mayor colección de cultivos puros de hongos de Cuba, brinda servicios de identificación y distribución a la agricultura, la industria y salud pública.

Conservan también más de mil cepas de hongos nuevos o poco comunes, hallados en los bosques tropicales de la isla y otras regiones caribeñas con el propósito de conservarlos y distribuirlos con fines docentes y científicos.

Al frente del departamento, el curador Rafael Castañeda Ruiz afirma que han sido depositadas más de 600 cepas nuevas en otras instituciones.

Entre los resultados, sobresale el aislamiento y estudio de hongos depredadores de nemátodos, así como de otros antagonistas y su potencial como control biológico de insectos, fitopatógenos y de plantas indeseables, a lo que se suman estudios sobre la micobiota ambiental en hogares de niños con enfermedades alérgicas.

Exitosas se catalogan sus relaciones de intercambio con homólogos de la región latinoamericana y caribeña, donde la Isla sienta pauta en este tipo de investigación, de gran utilidad para el avance de las esferas agrícolas, la salud y la economía.

En la esfera de la salud sobresale la colección del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, que dispone hoy de 262 cepas pertenecientes a 81 especies de hongos y algas, de interés para la micología médica.

Su objetivo ha sido la conservación, con la adecuada caracterización y pureza, de todos aquellos cultivos que resulten de interés tanto para la referencia y el diagnóstico de las micosis como para la docencia, la investigación y los servicios.

Por otra parte, el estudio de la diversidad biológica de Cuba, publicado en 1998, calcula la existencia de 48 240 especies de hongos, incluidos los líquenes, con tres mil 728 conocidas.

PERO, QUÉ SON LOS HONGOS

Verdaderos organismos sedentarios que se fijan a un sustrato para vivir y crecer, tienen diferentes orígenes en el árbol de la vida.

La mayoría conforma el reino Fungi o Eumycota, en tanto otros como los Protozoa se ubican en el de las amebas, mientras ciertos mohos acuáticos que parasitan peces, comparten el denominado Chromista, con las diatomeas, algas microscópicas de curiosa simetría.

Se estima que existen más de un millón de especies de hongos en el orbe, pero tan solo han sido descritas científicamente 64 mil 200 en cinco mil 950 géneros, pues muchos se han extinguido o se encuentran amenazados.

Clasificados por sus hábitos de vida, los hongos saprófitos, es decir que descomponen la materia orgánica, cumplen una función ecológica relevante, ya que garantizan el reciclaje de la materia muerta y la recirculación de sustancias nutritivas en los ecosistemas.

Por su parte, los denominados parásitos, viven sobre o dentro de otros seres vivos, y llegan a producir enfermedad en su hospedero, en tanto los simbiontes, asociados con otros organismos, constituyen alianzas de beneficio mutuo, como los líquenes y las micorrizas, de gran importancia en la naturaleza.

Algunas especies de hongos originan serios problemas de salud tanto a las personas como a los animales con deficiencias en su sistema inmunológicos y afectan principalmente el cabello, la piel y las uñas.

Desde el punto de vista económico, ofrecen múltiples beneficios pues se utilizan como alimentos, levaduras, fermentadores en la producción de vino y cerveza, en la maduración de quesos y el control biológico de plagas.

También como fuentes de sustancias por su actividad biológica y pueden ser de enorme utilidad en medicina y la bioindustria como agentes para estimular el desarrollo de las plantas (formadores de micorrizas).

No obstante, ojo con ellos, pues resultan dañinos cuando actúan como parásitos de plantas y animales o destruyen las estructuras de madera, alimentos almacenados, libros y hasta obras de arte, y son peligrosos si, por desconocimiento, se consumen aquellos que tienen principios tóxicos o alucinógenos.


 

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