La temida caída en el anciano

Algunos estudios muestran que una de cada tres personas mayores de 65 años sufre una caída anual, cifra que se eleva en los mayores de 75.

No sin razón los especialistas valoran las caídas como un problema geriátrico de importancia, teniendo en cuenta su elevada incidencia en este segmento poblacional y, sobre todo, por las repercusiones que originan en la calidad de vida del anciano y de sus familiares.

Actualmente se realizan investigaciones sobre los factores asociados con las caídas que se producen en el anciano y los vinculados con su entorno, a fin de diseñar estrategias de enfrentamiento.

Las caídas son una causa importante de lesiones, de incapacidad e incluso de muerte.

Es en el propio proceso del envejecimiento, durante el que se originan cambios en los mecanismos que mantienen el equilibrio. También las alteraciones visuales y auditivas, la disminución de la fuerza de agarre y de los miembros inferiores y el empleo de determinados medicamentos, entre otros.

El mobiliario, mala iluminación, pisos resbalosos o desnivelados, alfombras o tapetes arrugados, escaleras inseguras, calzados inadecuados también son factores de importancia.

Ahora bien, la mayoría de las caídas en el adulto mayor traducen un síntoma de enfermedad o trastorno subyacente por lo que no es apropiado atribuir la caída solamente a peligro ambiental o a la edad.

Según algunos estudios el mayor número de caídas ocurre en el hogar, generalmente en el tiempo de mayor actividad, en horas de la mañana y la tarde.

Como consecuencia de estas caídas se producen con gran frecuencia las temibles fracturas. La más común es la de la cadera. También de la cabeza y cuello de fémur, columna vertebral, muñeca y tobillo.

Con gran frecuencia la cadera se fractura como consecuencia del proceso de osteoporosis, que no es más que la pérdida exagerada de tejido o masa ósea como un todo, que hace al hueso más propenso a romperse.

La tasa promedio anual de caídas transita desde un 15 a un 28% en adultos mayores sanos entre 60 y 75 años. Esta cifra aumenta al 35% cuando se sobrepasan los 75. Estas estimaciones, además, demuestran una mayor prevalencia en el sexo femenino (relación 2/1), aunque después de los 75 años esta frecuencia se iguala en ambos sexos.

Los grupos de expertos sobre prevención recomiendan aconsejar a los ancianos y sus familiares la adopción de medidas para la reducción del riesgo de caídas, entre las que se encuentran la práctica de ejercicios, reducción de riesgos ambientales, el control del consumo de fármacos y la corrección del déficit visual. Además se recomienda el uso preventivo del bastón o de otros aditamentos como andadores que ayudan a mantener el equilibrio de los ancianos.

 

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