Hígado graso

Numerosos son los efectos colaterales de la obesidad. Uno de ellos es el hígado graso que puede afectar la calidad de vida y expone a quienes lo padecen a sufrir crisis que llegan a ser mortales.

Según la Organización Mundial de la Salud, el 80% de los adultos y el 50% de los niños obesos padecen de esteatosis hepática no alcohólica, la cual puede evolucionar hacia una cirrosis hepática o cáncer de hígado.

Ello se debe a la acumulación de ácidos grasos y triglicéridos en las células hepáticas. Entre los factores de riesgo más comunes están el Síndrome metabólico, la obesidad, la diabetes, y la hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia.

Durante las primeras etapas el hígado graso es asintomático pero con el paso del tiempo origina pérdida de peso, debilidad y fatiga.

Al no funcionar de manera correcta el hígado se produce una acumulación de grandes cantidades de amonio en sangre lo que ocasiona cambios neurológicos.

Para diagnosticar este padecimiento se recurre a la ecografía, tomografía computarizada o la resonancia magnética aunque también se emplea la biopsia hepática para diferenciar entre la esteatosis simple (acumulación de grasa) y esteatohepatitis (grasa asociada a inflamación y fibrosis).

El tratamiento para solucionar el problema consiste en un cambio de régimen alimenticio donde los vegetales y las frutas tengan un papel preponderante, preferir los alimentos cocinados al vapor que aquellos donde la grasa
predomine, realizar de forma sistemática ejercicios físicos, amén de que puedan emplearse medicamentos específicos.


 

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